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lunes, 12 de noviembre de 2018

Músicos y Napoleón Bonaparte

En cuarto curso estamos relacionando personajes de la historia, de la literatura, de la mitología, con obras musicales.
En primer lugar y por darle un gusto a la profesora, que ha declamado reiteradas veces su admiración por él, nos hemos adentrado en la figura de Napoleón Bonaparte.

Siendo muchos los músicos que se ocuparon del genial francés, vamos a empezar por Richard Wagner y Robert Schumann, ambos románticos, alemanes y coetáneos.

Robert Schumann escribió un lied basándose en un hermoso poema de Heinrich Heine.
El escritor, que admiraba y decía haber conocido a Napoleón personalmente y que moriría exiliado en Francia, describe un diálogo entre dos soldados napoleónicos que, vencidos en la campaña de Rusia, han emprendido el largo y penoso camino de regreso a casa.

Tenemos la suerte de esta versión subtitulada:



Sobre este mismo texto, Wagner compuso una canción en el alemán original y en francés, que generó un intercambio epistolar con Robert Schumann que incluiremos a continuación.
Aquí, pues, el texto de la música wagneriana, en versión francesa de François-Adolphe Loève-Veimars y traducida  al español por la profesora (se admiten mejoras):




Longtemps captifs chez le Russe lointain,
Deux grenadiers retournaient vers la France;
Déjà leurs pieds touchent le sol germain;
Mais on leur dit: Pour vous plus d'espérance;

L'Europe a triomphé, vos braves ont vécu!
C'est en fait de la France, et de la grande armée!
Et rendant son épée,
l'Empereur est captif et vaincu!

Ils ont frémi; chacun d'eux sent tomber
des pleurs brülants sur sa mâle figure.
"Je suis bien mal"  dit l'un, "je vois couler
des flots de sang de ma vieille blessure!"

"Tout est fini," dit l'autre, "ô, je voudrais mourir!
Mais au pays mes fils m'attendent, et leur mère,
qui mourrait de misère!
J'entends leur voix plaintive; il faut vivre et souffrir!"

"Femmes, enfants, que m'importe!
Mon coeur par un seul voeu tient encore à la terre.
Ils mendieront s'ils ont faim,
l'Empereur, il est captif, mon Empereur! ...

Ô frère, écoute-moi, ... je meurs! Aux rives que j'aimais,
rends du moins mon cadavre, et du fer de ta lance,
au soldat de la France
creuse un funèbre lit sous le soleil français!

Fixe à mon sein glacé par le trépas
la croix d'honneur que mon sang a gagnée;
dans le cerceuil couche-moi l'arme au bras,
mets sous ma main la garde d'une épée;

de là je prêterai l'oreille au moindre bruit,
jusqu'au jour, où, tonnant sur la terre ébranlée,
l'écho de la mêlée
m'appellera du fond de l'éternelle nuit!

Peut-être bien qu'en ce choc meurtrier,
sous la mitraille et les feux de la bombe,
mon Empereur poussera son coursier
vers le gazon qui couvrira ma tombe.

Alors je sortirai du cerceuil, tout armé;
et sous les plis sacrés du drapeau tricolore,
j'irai défendre encore
la France et l'Empereur, l'Empereur bien aimé."



Largamente cautivos en la lejana Rusia
dos granaderos retornan hacia Francia;
ya sus pies tocan el suelo alemán
pero se les dice: ya no hay esperanzas para ustedes,

¡Europa ha triunfado, vuestros valientes han sobrevivido!
¡Han vencido a Francia y a la Gran Armada!
¡Y rindiendo su espada
El emperador ha sido cautivo y vencido!

Se han estremecido, cada uno siente caer
llantos ardientes sobre sus viriles figuras.
“Estoy muy mal”, dice uno, “¡veo fluir
chorros de sangre de mi vieja herida!”

“Todo ha acabado” dice el otro, “¡oh, querría morir!
¡Pero en mi país mis hijos me esperan, y su madre,
que morirá de tristeza!
¡Escucho sus voces plañideras; es menester vivir y sufrir!”

“Mujeres, niños, ¡qué me importa!
Mi corazón solo por un deseo está aún en la tierra.
Mendigarán si tienen hambre,
¡El Emperador está cautivo, mi Emperador!...

Oh hermano, escúchame… ¡muero! A las orillas que amaba
devuelve al menos mi cadáver, y el hierro de tu lanza,
¡Al soldado de Francia
excava un fúnebre lecho bajo el sol francés!

Fijo a mi seno helado por la muerte
la cruz de honor que mi sangre ha ganado;
en el ataúd acuéstame con el arma en el brazo,
pon bajo mi mano la empuñadura de una espada;

Desde allí prestaré mis oídos al menor ruido,
hasta el día en que, tronante sobre la tierra sacudida,
el eco de la batalla
me llamará desde el fondo de la noche eterna!

Puede ser que en ese choque homicida,
bajo la metralla y el fuego de las bombas,
mi Emperador empujará su corcel
hacia el césped que cubrirá mi tumba.

Entonces saldré de la tumba, armado hasta los dientes;
y bajo los pliegues sagrados de la bandera tricolor,
iré a defender todavía
a Francia y al Emperador, al amado Emperador.”







Al parecer poco antes Wagner habría conocido el lied de Schumann que contenía también la melodía de la Marsellesa.
Eso motivó que se dirigiese a su colega en estos  términos:

Carta de Wagner a Schumann

París, 29 de diciembre de 1840.
Esclarecido Señor Schumann:
Desde hace casi un año y medio estoy en París. Me va estupendamente, tanto es así que hasta ahora no me he muerto de hambre. Pronto oirá usted grandes cosas de mí, pues estoy pronto de convertirme en mundialmente famoso… Me he enterado de que usted ha puesto música a “Los dos granaderos” de Heine, y que hacia el final inserta unas notas de “La marsellesa”. El pasado invierno también yo musiqué ese texto, y también introduje en él “La Marsellesa”. ¡Esto debe querer significar algo! Mi “Granaderos” ha sido compuesta sobre un texto francés que me he hecho preparar aquí y que ha complacido por cierto a Heine. Se canta en todas partes y me ha proporcionado la Orden de la Legión de Honor y una pensión anual de 20.000 francos, que voy a cobrar directamente de la caja particular de Louis Philippe. No me envanecen estos honores, y por ello dedico a usted mí obra nuevamente -de modo totalmente “privado”- pese a que ya en su día se la dediqué a Heine. Espero que sabrá reconocer la consideración que ello supone, y que dará a conocer debidamente el hecho. Por mi parte, me declaro desde ahora dispuesto a aceptar la dedicación particular de su composición, y quedo en espera de recibir el ejemplar dedicado. Le ruego tenga a bien reservarme un lugarcito en su corazón, y le reitero etcétera.
Respetuosamente suyo.
Richard Wagner.

Pasemos ahora a otro músico.
Este es ruso, Пётр Ильич Чайковский. Tchaikovsky.
Piotr escribió una obertura que, como era usual en el Romanticismo -en el que el contenido es más importante que el continente, en que las pasiones rebosan y se exacerban-, no precedía a ninguna obra de mayor enjundia.
Es una obertura que no abre nada.
Porque sí.
Las denominaciones de piezas y formas románticas solian ser vagas, vaporosas, ensoñadoras, sugestivas, cautivadoras, oníricas.
Tan pronto nos envolvían con sus vaporosos velos orientales como nos hacían deshacernos en la más amargas de las tribulaciones.
Es el Romanticismo un periodo tan adolescente, tan humanamente lábil y contradictorio.
En la Obertura 1812  Tchaikovsky describe la batalla de Borodino, acaecida en septiembre de ese año, y comienza con una melodía ortodoxa rusa Спаси, Господи, люди Твоя (Spasi, Gospodi, Iyudi Tvoya).
Napoleón de un lado, del otro bando el temible y odinesco general Kutuzov.

Escuchémosla:



Señor, salva a tu pueblo,
y bendice tu legado.
Otorga la victoria al justo y creyente emperador

sobre los adversarios,
y por virtud de tu cruz
protege a tu comunidad.


Ahora que te has familiarizado con la melodía, escúchala al comienzo de la obertura. Luego volverá a escuchársela, entre los estruendos finales, con repiques de campanas, aproximadamente en el minuto 13.




Aparecerá luego una canción popular rusa, A la puerta, a mi puerta. Intenta encontrarla en la obertura. Va acompañada de sonajas y del mismo carácter danzable,  8' 10".



Y en el final se arrebata con una versión de Боже , Царя храни, Dios salve al zar. 
Escucha la versión primigenia y luego ve a la obertura, 14' 09".





¡Dios salve al zar!
¡Fuerte, reinante,
Dirigiéndonos a la gloria, a nuestra gloria!
Dirigiendo el miedo de nuestros enemigos,
el zar ortodoxo.
¡Dios salve al zar, al zar!



Por supuesto el bando francés estará representado por los sones de su himno nacional, La Marseillaise, aunque Napoleón la había reemplazado como canción patria por "Veillons au salut de l'Empire".



jueves, 11 de octubre de 2018

Romances. Trabajo de campo

 En segundo curso hemos estado ocupándonos de los romances. Hemos analizado su métrica y rima, hemos memorizado uno, lo hemos cantado y ya sabemos tocarlo en la flauta.

Hemos comentado que en otras épocas, en aquellos tiempos en que la música era más valiosa porque no era tan ubicua, la música se regalaba en las sobremesas, inducía al dulce sueño, nos transportaba con sus historias a exóticos mundos.
En ese entonces había muchas canciones que se transmitían y se legaban oralmente por generaciones.
Gracias a ellas supimos de la última hora del enamorado, de la suerte macabra del desafortunado conde, del atribulado Alfonso XIII y de tantas historias que esperan que las desempolvemos y que volvamos con sus hechizos a visitar otros parajes y extasiarnos con añejados tules, con ricos brocados, que montemos en corceles engalanados y que nos dejemos llevar por los minutos eternos en que seremos prisioneros de la melodía y la palabra.

El legado cultural español es riquísimo, pero va perdiéndose, quizá acentuado tanto por el ritmo vertiginoso de la vida, por el disponer de tanta música enlatada, o por la consabida globalización.
Por eso, pues, es que hemos recurrido a nuestros mayores, quienes nos han regalado algunos de esos tesoros.

Cantos que nos devuelven tardes lluviosas en el sofá, o siestas desveladas, o atardeceres de reuniones familiares y aromas caseros.

He aquí lo que hemos logrado recolectar y que ahora compartimos con ustedes:


Aporte de Laura García:




Aporte de Laura Lafourcade Izquierdo:



Aporte de David Renzo Vera Saire:





Aporte de Gabriela Fornet Barroso:




Aporte de Rafael Alonso:





Aporte de David Blasco Tena:




Aporte de Sara Del Castillo:






Aporte de Daniel Pastrana:





Aporte de Iván Castellano Verdasco:




Aporte de Santiago Moreno:



Aporte de Pablo Moreno, canta su mamá:




Aportes de María Moya Domínguez, cantan los abuelos:





Aporte de Daniel Berrocal Villalba, canta su mamá:



Como variante y ejemplo delas derivaciones que el romanero español sufrió alpasar a América, tenemos aquí una canción mejicana, Las mañanitas, que conserva algunas de las características esenciales del romance.

Aporte de Henar Moreno Martínez:




Aporte de Álvaro Camacho:




Aporte de Marta Albacete:




Aporte de Davit Badalyan:



Aporte de Ricardo Cecilia Martín:




Aporte de Irene Castro:




Aporte de Estela Serrano:




Romances recitados:

Hacemos una breve sección para incluir aquellos romances que han sido recolectados recitados, sin melodía.

Aporte de Mariela Cancari Sandoval, extraordinariamente recitado por el profesor José María Caballero:




Aporte de María Gallart Caballero:



Aporte de Rafael Alonso:




Aporte de David Blasco:



Aporte de Marta Montero Conde:



Aporte de Obet Villajuán:



Y, para acabar, compartimos esta hermosa canción aportada por Paula Zalduendo que, aunque no es un romance, creemos que hay que atesorar y que podemos hacerle un hueco en nuestras páginas.



Del mismo modo, no podemos perder esta versión de la canción infantil La Tarara, que si bien no es un romance, está cantada magistralmente.
Aportada por Javier Pulido.