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martes, 2 de junio de 2020

Análisis del estribillo del rondeau de la sonata Patética de Beethoven

Cada tanto recibe uno alguna sorpresa.
Inesperada, como debe ser toda sorpresa que se precie.

Y en una de esas contadas ocasiones, resulta que la profe recibe un trabajo excelso, hecho con mimo, con creatividad, con inteligencia.

Y entonces una se pone orgullosa de lo que ha despertado, y orgullosa de que entre los ojos atentos que nos miran desde sus pupitres y entre los oídos ávidos que atrapan las volátiles palabras nuestra humilde semilla caiga y dé sus mejores frutos.

Un fruto que justifica las largas horas que pasan los alumnos sentados accediendo a la convención de prestarnos atención a estos adultos erigidos en profesores con los que deben compartir tantas horas.
Les exigimos nosotros a ellos que olviden sus circunstancias personales, que salgan de sí mismos para recorrer un camino hacia otras ideas, otras estéticas, otros mundos.
Y, cada tanto, un pequeño milagro nos es devuelto brillante y esperanzador.

He aquí el trabajo de Carla Aliaga Martín, alumna de segundo curso de la E.S.O. y de quien declaro ser orgullosa profesora.