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sábado, marzo 09, 2024

Trabajos de edición: comenzamos a narrar Coppélia

 Aprovechando las aplicaciones de inteligencia artificial, jugamos con la edición de sonido, voces e imágenes, mientras practicamos nuestras dotes narrativas.

                                                            

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martes, octubre 25, 2022

Coppélia, un ballet de Léo Delibes

(Antes de empezar: algún voluntario que quiera leer lo que sigue en voz alta, por favor...)

Aprovecharemos esta clase para tomar contacto con un género que se sirve no solo de la música sino también del baile, de la danza. Y no siempre se bailó de puntas: fue Marie Taglioni quien hizo más cómodo bailar así gracias a una modificación sustancial de las zapatillas de ballet. Hizo reforzar los laterales de las zapatillas y ponerles algodón en la punta (por cierto, verán que no se usa siempre esa técnica: solamente en ciertos tramos del ballet, o algunos personajes. Estén atentos a los pies del doctor Coppélius).

Marie Taglioni en 1850

Aunque el baile y la música nacieron con el hombre mismo, el ballet tomó forma en épocas de Luis XIV, El Rey Sol, en Francia, y consiste en representar mediante la danza -con música y sin palabras- una historia. Y con algo de mímica también.

Así, pues, muchas veces para entender la trama hay que conocerla previamente.

Por eso, vamos a ver primero la obra en versión de marionetas y con una narradora; luego ya veremos fragmentos de la misma pieza en representación teatral.

Don Léo Delibes se llamó el compositor que le puso en 1870 música a un cuento de E.T.A. Hoffmann, (se llamaba Ernst Theodore Amadeus Hoffmann). Napoleón III asistió al estreno en la Ópera de París.

Como curiosidad, pocos meses después de estrenada la obra se desató una guerra entre Francia y Prusia (la guerra franco-prusiana), que ganaría Prusia y que sería el puntapié inicial para el nacimiento de Alemania.
París fue sitiada por los prusianos y el teatro, cerrado. La bailarina que hacía el papel de Swanilda, de 16 años, quedó en la calle, debiendo mendigar para llevarse algo a la boca. Enfermó de viruela y murió el mismo día de su decimoséptimo cumpleaños. Triste. 

Veamos, pues, el cuento con muñequitos.

(Activen los subtítulos, por favor).




¿Han notado qué extraño es el nombre de la protagonista? Swanilda... Al parecer está relacionado con swan battle...

Y seguramente la idea de dar vida a un muñeco les suena. Sí, desde tiempos inmemoriales los hombres han tenido esa fantasía: el golem de Praga, Pinocchio, Frankenstein... ¿Se les ocurre algún otro?

Ahora veremos fragmentos del ballet tal como lo verían en el teatro.



En esta obra hay pequeñas melodías que identifican a los personajes: se llaman leitmotivs. Este recurso, muy utilizado por Wagner, es de enorme utilidad en los ballets. 
¿Eres capaz de recordar algún leitmotiv? Veamos... ¿Qué personajes representan estos pequeños motivos melódicos?



 




jueves, noviembre 26, 2020

Ballet Coppélia, de Léo Delibes.

Hemos abordado un nuevo género musical narrativo: el ballet.

Vimos esta reducción argumental de Coppélia, el ballet creado por Léo Delibes.


El argumento está basado en un cuento, Sandmann, El hombre de la arena, de E.T.A. Hoffmann.

Escuchémoslo:

1  2 

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La idea del hombre jugando a ser dios y crear vida no es nueva.

El disponer enteramente de otro ser que creemos nuestra propiedad suscitó debates en el aula.
Nos atrevimos a confesar nuestras fantasías: de tener un ser obediente a nuestra disposición, a medio camino entre lo humano y lo inhumano, le mandaríamos hacer nuestros  deberes escolares, le ordenaríamos fregar los cacharros de la cocina, hacer las compras... Hasta alguno aventuró que le enseñaría a ser un fidelísimo amigo o una cuidadosa, cómplice y sensible madre.

Ya Ovidio nos cuenta con Pigmalión y Galatea la historia de un escultor que se enamora de su obra, que cobra vida gracias a la intercesión de Venus.

 

También pensamos en Gepetto con su querido hijo de madera, Pinocchio, o en Frankenstein, quien se ayudaba de la nueva electricidad para insuflar el hálito a su creación.
O en el golem de Praga, que un rabino moldeara con el barro del Moldava y que habita ya sin vida en el altillo de una sinagoga. 

 




Para aquel que quiera adentrarse en el universo de los autómatas, dejo este link a un fabuloso documental.









Invito a los alumnos a enviar colaboraciones para enriquecer la entrada, pensando en personajes que conozcan a los que algún mortal da vida.
 
Aporte de Oriana:
 
Este es el personaje que elegí se llama Olaf y está en la película de Frozen.

Trata de dos niñas que son hermanas (Anna y Elsa), la mayor de ellas tiene una especie de poderes que congelan todo, un día ella por la noche se van a jugar y hacen un muñeco de nieve con los poderes de la hermana mayor (Elsa) cuando ocurrió un accidente, Elsa sin querer le da con un rayo de hielo en la cabeza de Anna, esto hace que se le ponga mechitas de blanco en el cabello, años después, mientras Elsa cantaba su canción de "Libre Soy" fábrica de nuevo el muñeco de nieve, y este cobra vida, también Olaf representa el amor y la alegría, pero eso es tan feliz y extrovertido todo el tiempo.
 
 
Aporte de Juan Antonio:
 
Freddy: personaje de un videojuego de terror Five Nights at Freddy's 
El personaje no tiene una historia como tal por culpa del creador, pero sí hay teorías.
La teoría más famosa: un señor (que llamaremos señor Morado) mató a unos niños cerca de unos animatrónicos, su alma en vez de desaparecer se queda atrapados en los animatrónicos. 


 

martes, marzo 24, 2020

Skandalkonzert!! Tiempos revueltos: 1913 y después


En 1912 el bailarín Nijinski presentó en París una coreografía sobre el Preludio a la siesta de un fauno, obra de Claude Debussy sobre texto de Mallarmé, un simbolista.
Como en el cuento de Borges, el argumento está contado en primera persona desde el ser mitológico. El fauno se mueve entre el mundo de la vigilia y el onírico y no logra vislumbrar si se ha encontrado o no con las ninfas.
Su primitivismo y estética de viñeta animada causó revuelo y desaprobación entre los asistentes. Al autor de la música, Debussy, no le gustó. A Rodin, el famoso escultor, le maravilló.




En 1913 se sucedieron dos conciertos memorables por la reacción del público.
Ya había habido fobias y filias, detractores y acérrimos amantes de ciertos estilos y compositores que habían recurrido a la violencia -si bien cas siempre verbal- en la vehemente defensa de sus argumentos y sus inclinaciones.
Wagner y Debussy. Piccini y Gluck. Sus seguidores se aglutinaron en bandos rivales.

En esas estábamos cuando los compositores de la Segunda Escuela de Viena (esto es, Schönberg, Berg, Webern) y algunos más (Mahler y Zemlinsky) presentaron un concierto que nunca llegó a terminar.
El público se erigió en inesperado protagonista, desatando una trifulca que causó estropicios incluso en el mobiliario de la sala.

El programa del 31 de marzo incluía:
Seis piezas para orquesta de Anton Webern; Cuatro canciones orquestales basadas en poemas de Maeterlink, de Alexander Zemlinsky; Sinfonía de cámara nº 1 de Arnold Schönberg; las canciones 2 y 3 pertenecientes a las Cinco canciones orquestales de Alban Berg y las Kindertotenlieder de Mahler.
Estas últimas canciones no llegaron a representarse debido a las algazaras de los asistentes.

El 29 de mayo, en una ciudad parangonable a Viena en su enjundia cultural, París, se presentó en versión ballet La consagración de la primavera, con música de Igor Stravinsky y coreografía, nuevamente, de Nijinski.
Apenas comenzada la representación se escucharon las primeras risas y abucheos, y el ambiente fue caldeándose progresivamente.
Los más conciliadores se limitaron a abandonar la sala, pero muchos prefirieron quedarse a dar rienda suelta a su disconformidad y desasosiego con airadas y estridentes expresiones vociferantes.
Aquellos que querían escuchar y ver la obra, se levantaron contra los alborotadores, y listo: ya estaban los ingredientes prontos para la descomunal tremolina.
Por supuesto, la función hubo de cancelarse, entre las lágrimas desconsoladas de don Igor.






Ya en el periodo de entreguerras el norteamericano George Antheil había proyectado hacer la música con la que se acompañaría un film de Fernand Léger y que se llamaría Ballet mécanique, que sería estrenada en 1924.
Recuerda que la primera película con sonido llegaría unos años después, en 1927, El cantor de jazz.
Cada uno, sin embargo, siguió derroteros por separado.
La obra de Antheil se presentó en Nueva York en 1927, en el Carnegie Hall, en versión concierto.
La instrumentación constaba de pianolas, -indispensables ya que despojaban la interpretación de todo subjetivismo emocional, de todo elemento romántico, y le otorgaban la precisión y frialdad que los desencantados nihilistas anhelaban-, de sirenas, de hélices, de campanas eléctricas.





En medio de la representación, el público agitó sus sombreros y los programas de mano, y, para hilaridad general, uno de los espectadores ató a su elegante bastón un pañuelo, que elevó y agitó en el aire cual señal de rendición.
Ni siquiera tuvo suerte Antheil con ls performance de las máquinas, ya que las sirenas no sonaron en el momento en que debían hacerlo, para ponerse a aullar ya cuando la representación estaba terminada, acompañando al desilusionado y enfadado público en su salida del teatro.


La violencia es inherente al ser humano, y como tal no se circunscribieron sus demostraciones a esos años.
El movimiento Fluxus no dudó en incorporar la violencia a sus obras.
Ya no serían privativas del público, sino la obra en sí.
El músico coreano Nam June Paik creó esta obra para violín en 1962.



Y aquí podrás ver otra versión pero para piano:



En 1963 en Alemania había montado una exhibición de arte que comprendía desde pianos preparados a manifestaciones plásticas del movimiento Fluxus.
Pues un integrante del mismo, Joseph Beuys, en aras de llamar la atención de Paik, arremetió con un hacha contra uno de los costosísimos pianos, homenajeando al colega.