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miércoles, junio 26, 2019

Músicos y Napoleón (III)


En 1813, siete años después de haber publicado la Sinfonía Heroica -previo borrado de la dedicatoria a Napoleón-, Beethoven compuso una obra orquestal, La victoria de Wellington, en homenaje al duque que venciera a Napoleón en Waterloo.
Esta pieza se conoce también como La batalla de Vitoria, enfrentamiento que significó la retirada de España de las huestes napoleónicas.




Curioso: los batallas de estos hombres no solo se dirimieron en los campos de lucha... Podemos decir que lucharon también en campos amorosos: Wellington tuvo una noviecita que había noviado con Napoleón previamente.

La obra comienza con la cita de la melodía de Rule Britannia, y luego podemos reconocer la que sería una canción dedicada a la amistad: For he's a jolly good fellow  (aproximadamente en el minuto 2) o probablemente Mambrú se fue a la guerra, (¿qué opinas?, ¿cuál crees que es?) y el himno inglés God save the Queen (minuto 9'47).
También escucharás cañonazos en los compases iniciales, como en la Obertura 1812 de Tchaikovsky.

Escuchémosla:


En 1830 Héctor Berlioz escribirá, basado en el poema de Pierre-Jean de Béranger, lo que denominó la Cantata del 5 de mayo (refiriéndose a la fecha de fallecimiento de Bonaparte, en 1821).






Le Cinq mai : chant sur la mort de l'empereur Napoléon
             
Des Espagnols m'ont pris sur leur navire, 
Aux bords lointains où tristement j'errais.
Humble débris d'un héroïque empire,
J'avais dans l'Inde exilé mes regrets. 
Mais loin du Cap, après cinq ans d'absence,
Sous le soleil, je vogue plus joyeux. 

Pauvre soldat, je reverrai la France; 
La main d'un fils me fermera les yeux.

Dieu! le pilote a crié: Sainte-Hélène!
Et voilà donc où languit le héros! 
Bons Espagnols, là finit votre haine; 
Nous maudissons ses fers et ses bourreaux,
Je ne puis rien, rien pour sa délivrance;
Le temps n'est plus des trépas glorieux. 

Pauvre soldat, je reverrai la France; 
La main d'un fils me fermera les yeux.  

Il fatiguait la Victoire à le suivre; 
Elle était lasse; il ne l'attendit pas; 
Trahi deux fois, ce grand homme a su vivre;
Mais quels serpents environnent ses pas!
De tout laurier un poison est l'essence; 
La mort couronne un front victorieux. 

Pauvre soldat, je reverrai la France; 
La main d'un fils me fermera les yeux. 

Dès qu'on signale une nef vagabonde,
"Serait-ce lui?" disent les potentats,
"Vient-il encore redemander le monde?
Armons soudain deux millions de soldats."
Et lui, peut-être accablé de souffrance,
A la patrie adresse ses adieux.
Mais que vois-je au rivage?
Un drapeau noir!
Quoi! lui mourir! ô gloire, quel veuvage!
Autour de moi pleurent ses ennemis,
Loin de ce roc nous fuyons en silence;
L'astre du jour abandonne les cieux.
Los españoles me han prendido en su navío
En las orillas lejanas donde tristemente deambulaba.
Humildes desechos de un heroico imperio,
Había en la India desterrado mi pesar.
Mas lejos del cabo, después de cinco años de ausencia,
Bajo el sol, navego más feliz.

Pobre soldado, volveré a ver Francia;
La mano de un hijo cerrará mis ojos.

"¡Dios!", gritó el piloto  "¡Santa Elena!" 
¡Y he aquí pues donde languidece el héroe! 
Buenos españoles, allí termina vuestro odio;
Maldecimos sus armas y sus verdugos,
No puedo hacer nada por liberarlo;
El tiempo ya no es muerte gloriosa.

Pobre soldado, volveré a ver Francia; 
La mano de un hijo cerrará mis ojos.
 
Conminaba a la victoria a seguirlo;

Ella estaba cansada; no lo esperó;
Traicionado dos veces, este gran hombre supo vivir.
¡Mas aquellas serpientes rodean sus pasos! 
Un veneno es la esencia de todo laurel; 
La muerte corona una frente victoriosa.

Pobre soldado, volveré a ver Francia;
La mano de un hijo cerrará mis ojos.

En cuanto se avista una nave vagabunda,
"¿Será él?" dicen los potentados,
"¿Viene otra vez a reclamar el mundo?
Armemos de inmediato a dos millones de soldados."
Y él, quizá, abrumado por los sufrimientos, 
A la patria dirige sus adioses. 
Mas ¿qué veo en la costa? 
¡Una bandera negra!
¡Qué! ¡Murió él! ¡Oh gloria, qué viudez! 
A mi alrededor lloran sus enemigos,
Lejos de esa roca huimos en silencio; 
El astro del día abandona los cielos.


 





jueves, abril 11, 2019

Músicos y Napoleón (II)

Niccolò Paganini, virtuoso genovés, fue director musical en el principado de Lucca y Piombino durante todo lo que duró este principado de los Bonaparte, desde 1805 a 1814.
En ese año estos territorios pasarían a conformar el ducado de Lucca, y serían regidos por María Luisa de Borbón, hija de Carlos IV.

Una hermana de Napoleón fue destinada a estos territorios toscanos: María Ana Elisa Bonaparte, con los títulos de Princesa de Lucca y Piombino.
Fue en esa época que Niccolò compuso la sonata Bonaparte, con verzeichnis MS 5 (si estás preguntándote a qué se corresponden las iniciales, es a María Rosa Moretti y Anna Sorrento).




Aparentemente, las destrezas del músico encandilaron tanto a María Ana como a la sexta de los ocho hermanos Bonaparte, Paulina: se le atribuyen romances con ambas hermanas.

Para el gran Napoleón tocó también Niccolò. Fue en ocasión de su encuentro con el zar Alejandro I de Rusia, en Erfurt, en 1808.
Tenemos una referencia cinematográfica en una extrardinaria miniserie, en el tercero de los episodios.
Podemos escuchar aquí uno de sus célebres Caprichos, el 24.

Y el mismo capricho, retratado en otra película:



Y ahora veremos el allegro inicial del Concierto para violín 1 de Niccolò Paganini fantásticamente interpretado facialmente :


De esa época es también Gaspare Spontini, quien dedicó a María Ana la ópera La Vestale, y cuya ópera Fernand Cortez ofició de música propagandística napoleónica en la campaña española.

Cambiando ya de siglo, Arthur Honegger, compositor suizo del siglo XX, compuso música para la película  muda Napoleón de Abel Gance, de 1927.

Escuchemos unos fragmentos:



También el fundador de la Segunda Escuela de Viena,  el expresionista Arnold Schönberg, escribió en 1942 la Oda a Napoleón Buonaparte, pieza dodecafónica basada en un poema de Lord Byron escrito en ocasión de la abdicación del general en 1814.







’Tis done—but yesterday a King!
And armed with Kings to strive—
And now thou art a nameless thing:
So abject—yet alive!
Is this the man of thousand thrones,
Who strewed our earth with hostile bones, And can he thus survive?
Since he, miscalled the Morning Star [Lucifer],
Nor man nor fiend hath fallen so far.

Ill-minded man! why scourge thy kind
Who bowed so low the knee?
By gazing on thyself grown blind,
Thou taught’st the rest to see.
With might unquestioned,—power to save,— Thine only gift hath been the grave
To those that worshipped thee;
Nor till thy fall could mortals guess
Ambition’s less than littleness!

Thanks for that lesson—it will teach
To after-warriors more
Than high Philosophy can preach,
And vainly preached before.
That spell upon the minds of men
Breaks never to unite again,
That led them to adore
Those Pagod things of sabre-sway,
With fronts of brass, and feet of clay.

The triumph, and the vanity,
The rapture of the strife—
The earthquake-voice of Victory,
To thee the breath of life;
The sword, the sceptre, and that sway
Which man seemed made but to obey, Wherewith renown was rife—
All quelled!—Dark Spirit! what must be
The madness of thy memory!

The Desolator desolate!
The Victor overthrown!
The Arbiter of others’ fate
A Suppliant for his own!
Is it some yet imperial hope
That with such change can calmly cope?
Or dread of death alone?
To die a Prince—or live a slave—
Thy choice is most ignobly brave!

He who of old [Milo] would rend the oak, 
Dreamed not of the rebound;
Chained by the trunk he vainly broke— 
Alone—how looked he round?
Thou, in the sternness of thy strength,
An equal deed hast done at length,
And darker fate hast found:
He fell, the forest prowlers’ prey;
But thou must eat thy heart away!

The Roman [Sylla], when his burning heart Was slaked with blood of Rome,
Threw down the dagger—dared depart,
In savage grandeur, home.—
He dared depart in utter scorn
Of men that such a yoke had borne,
Yet left him such a doom!
His only glory was that hour
Of self-upheld abandoned power. 

The Spaniard [Charles V], when the lust of sway
Had lost its quickening spell,
Cast crowns for rosaries away,
An empire for a cell;
A strict accountant of his beads,
A subtle disputant on creeds,
His dotage trifled well:
Yet better had he neither known
A bigot’s shrine, nor despot’s throne

But thou—from thy reluctant hand
The thunderbolt is wrung—
Too late thou leav’st the high command
To which thy weakness clung;
All Evil Spirit as thou art,
It is enough to grieve the heart 
To see thine own unstrung; 
To think that God’s fair world hath been
The footstool of a thing so mean;














And Earth hath spilt her blood for him,
Who thus can hoard his own!
And Monarchs bowed the trembling limb, And thanked him for a throne!
Fair Freedom! we may hold thee dear,
When thus thy mightiest foes their fear
In humblest guise have shown.
Oh! ne’er may tyrant leave behind
A brighter name to lure mankind

Thine evil deeds are writ in gore,
Nor written thus in vain—
Thy triumphs tell of fame no more,
Or deepen every stain:
If thou hadst died as Honor dies.
Some new Napoleon might arise,
To shame the world again—
But who would soar the solar height,
To set in such a starless night?

Weigh’d in the balance, hero dust
Is vile as vulgar clay;
Thy scales, Mortality! are just
To all that pass away:
But yet methought the living great
Some higher sparks should animate,
To dazzle and dismay:
Nor deem’d Contempt could thus make mirth Of these, the Conquerors of the earth.

And she, proud Austria’s mournful flower, Thy still imperial bride;
How bears her breast the torturing hour?
Still clings she to thy side?
Must she too bend, must she too share
Thy late repentance, long despair,
Thou throneless Homicide?
If still she loves thee, hoard that gem,—
’Tis worth thy vanished diadem!

Then haste thee to thy sullen Isle,
And gaze upon the sea;
That element may meet thy smile—
It ne’er was ruled by thee!
Or trace with thine all idle hand
In loitering mood upon the sand
That Earth is now as free!
That Corinth’s pedagogue hath now Transferred his by-word to thy brow.

Thou Timour! in his captive’s cage
What thoughts will there be thine,
While brooding in thy prisoned rage?
But one—“The world was mine!”
Unless, like he of Babylon,
All sense is with thy sceptre gone,
Life will not long confine 
That spirit pour'd so widely forth- 
So long obey'd- so little worth! 

Or, like the thief of fire from heaven, 
Wilt thou withstand the shock? 
And share with him, the unforgiven, 
His vulture and his rock!
Foredoom'd by God -by man accurst, 
And that last act, though not thy worst, 
The very Fiend's arch mock; 
He in his fall preserved his pride 
And, if a mortal, had as proudly died!

There was a day—there was an hour, 
While earth was Gaul’s—Gaul thine— 
When that immeasurable power
Unsated to resign,
Had been an act of purer fame
Than gathers round Marengo’s name,
And gilded thy decline
Through the long twilight of all time,
Despite some passing clouds of crime

But thou forsooth must be a king,
And don the purple vest,
As if that foolish robe could wring
Rememberance from thy breast.
Where is that faded garment? where
The gewgaws thou wert fond to wear,
The star—the string—the crest?
Vain froward child of empire! say,
Are all thy playthings snatched away?

Where may the wearied eye repose
When gazing on the Great;
Where neither guilty glory glows,
Nor despicable state?
Yes—one—the first—the last—the best—
The Cincinnatus of the West,
Whom envy dared not hate,
Bequeath’d the name of Washington,
To make man blush there was but one!





lunes, noviembre 12, 2018

Músicos y Napoleón Bonaparte

En cuarto curso estamos relacionando personajes de la historia, de la literatura, de la mitología, con obras musicales.
En primer lugar y por darle un gusto a la profesora, que ha declamado reiteradas veces su admiración por él, nos hemos adentrado en la figura de Napoleón Bonaparte.

Siendo muchos los músicos que se ocuparon del genial francés, vamos a empezar por Richard Wagner y Robert Schumann, ambos románticos, alemanes y coetáneos.

Robert Schumann escribió un lied basándose en un hermoso poema de Heinrich Heine.
El escritor, que admiraba y decía haber conocido a Napoleón personalmente y que moriría exiliado en Francia, describe un diálogo entre dos soldados napoleónicos que, vencidos en la campaña de Rusia, han emprendido el largo y penoso camino de regreso a casa.

Tenemos la suerte de esta versión subtitulada:




Sobre este mismo texto, Wagner compuso una canción en el alemán original y en francés, que generó un intercambio epistolar con Robert Schumann que incluiremos a continuación.
Aquí, pues, el texto de la música wagneriana, en versión francesa de François-Adolphe Loève-Veimars y traducida  al español por la profesora (se admiten mejoras):




Longtemps captifs chez le Russe lointain,
Deux grenadiers retournaient vers la France;
Déjà leurs pieds touchent le sol germain;
Mais on leur dit: Pour vous plus d'espérance;

L'Europe a triomphé, vos braves ont vécu!
C'est en fait de la France, et de la grande armée!
Et rendant son épée,
l'Empereur est captif et vaincu!

Ils ont frémi; chacun d'eux sent tomber
des pleurs brülants sur sa mâle figure.
"Je suis bien mal"  dit l'un, "je vois couler
des flots de sang de ma vieille blessure!"

"Tout est fini," dit l'autre, "ô, je voudrais mourir!
Mais au pays mes fils m'attendent, et leur mère,
qui mourrait de misère!
J'entends leur voix plaintive; il faut vivre et souffrir!"

"Femmes, enfants, que m'importe!
Mon coeur par un seul voeu tient encore à la terre.
Ils mendieront s'ils ont faim,
l'Empereur, il est captif, mon Empereur! ...

Ô frère, écoute-moi, ... je meurs! Aux rives que j'aimais,
rends du moins mon cadavre, et du fer de ta lance,
au soldat de la France
creuse un funèbre lit sous le soleil français!

Fixe à mon sein glacé par le trépas
la croix d'honneur que mon sang a gagnée;
dans le cerceuil couche-moi l'arme au bras,
mets sous ma main la garde d'une épée;

de là je prêterai l'oreille au moindre bruit,
jusqu'au jour, où, tonnant sur la terre ébranlée,
l'écho de la mêlée
m'appellera du fond de l'éternelle nuit!

Peut-être bien qu'en ce choc meurtrier,
sous la mitraille et les feux de la bombe,
mon Empereur poussera son coursier
vers le gazon qui couvrira ma tombe.

Alors je sortirai du cercueil, tout armé;
et sous les plis sacrés du drapeau tricolore,
j'irai défendre encore
la France et l'Empereur, l'Empereur bien aimé."



Largamente cautivos en la lejana Rusia
dos granaderos retornan hacia Francia;
ya sus pies tocan el suelo alemán
pero se les dice: ya no hay esperanzas para ustedes,

¡Europa ha triunfado, vuestros valientes han sobrevivido!
¡Han vencido a Francia y a la Gran Armada!
¡Y rindiendo su espada
El emperador ha sido cautivo y vencido!

Se han estremecido, cada uno siente caer
llantos ardientes sobre sus viriles figuras.
“Estoy muy mal”, dice uno, “¡veo fluir
chorros de sangre de mi vieja herida!”

“Todo ha acabado” dice el otro, “¡oh, querría morir!
¡Pero en mi país mis hijos me esperan, y su madre,
que morirá de tristeza!
¡Escucho sus voces plañideras; es menester vivir y sufrir!”

“Mujeres, niños, ¡qué me importa!
Mi corazón solo por un deseo está aún en la tierra.
Mendigarán si tienen hambre,
¡El Emperador está cautivo, mi Emperador!...

Oh hermano, escúchame… ¡muero! A las orillas que amaba
devuelve al menos mi cadáver, y el hierro de tu lanza,
¡Al soldado de Francia
excava un fúnebre lecho bajo el sol francés!

Fijo a mi seno helado por la muerte
la cruz de honor que mi sangre ha ganado;
en el ataúd acuéstame con el arma en el brazo,
pon bajo mi mano la empuñadura de una espada;

Desde allí prestaré mis oídos al menor ruido,
hasta el día en que, tronante sobre la tierra sacudida,
el eco de la batalla
me llamará desde el fondo de la noche eterna!

Puede ser que en ese choque homicida,
bajo la metralla y el fuego de las bombas,
mi Emperador empujará su corcel
hacia el césped que cubrirá mi tumba.

Entonces saldré de la tumba, armado hasta los dientes;
y bajo los pliegues sagrados de la bandera tricolor,
iré a defender todavía
a Francia y al Emperador, al amado Emperador.”







Al parecer poco antes Wagner habría conocido el lied de Schumann que contenía también la melodía de la Marsellesa.
Eso motivó que se dirigiese a su colega en estos  términos:


Carta de Wagner a Schumann

París, 29 de diciembre de 1840.
Esclarecido Señor Schumann:
Desde hace casi un año y medio estoy en París. Me va estupendamente, tanto es así que hasta ahora no me he muerto de hambre. Pronto oirá usted grandes cosas de mí, pues estoy pronto de convertirme en mundialmente famoso… Me he enterado de que usted ha puesto música a “Los dos granaderos” de Heine, y que hacia el final inserta unas notas de “La marsellesa”. El pasado invierno también yo musiqué ese texto, y también introduje en él “La Marsellesa”. ¡Esto debe querer significar algo! Mi “Granaderos” ha sido compuesta sobre un texto francés que me he hecho preparar aquí y que ha complacido por cierto a Heine. Se canta en todas partes y me ha proporcionado la Orden de la Legión de Honor y una pensión anual de 20.000 francos, que voy a cobrar directamente de la caja particular de Louis Philippe. No me envanecen estos honores, y por ello dedico a usted mí obra nuevamente -de modo totalmente “privado”- pese a que ya en su día se la dediqué a Heine. Espero que sabrá reconocer la consideración que ello supone, y que dará a conocer debidamente el hecho. Por mi parte, me declaro desde ahora dispuesto a aceptar la dedicación particular de su composición, y quedo en espera de recibir el ejemplar dedicado. Le ruego tenga a bien reservarme un lugarcito en su corazón, y le reitero etcétera.
Respetuosamente suyo.
Richard Wagner.

Pasemos ahora a otro músico.
Este es ruso, Пётр Ильич Чайковский. Tchaikovsky.
Piotr escribió una obertura que, como era usual en el Romanticismo -en el que el contenido es más importante que el continente, en que las pasiones rebosan y se exacerban-, no precedía a ninguna obra de mayor enjundia.
Es una obertura que no abre nada.
Porque sí.
Las denominaciones de piezas y formas románticas solían ser vagas, vaporosas, ensoñadoras, sugestivas, cautivadoras, oníricas.
Tan pronto nos envolvían con sus vaporosos velos orientales como nos hacían deshacernos en la más amargas de las tribulaciones.
Es el Romanticismo un periodo tan adolescente, tan humanamente lábil y contradictorio.
En la Obertura 1812  Tchaikovsky describe la batalla de Borodino, acaecida en septiembre de ese año, y comienza con una melodía ortodoxa rusa Спаси, Господи, люди Твоя (Spasi, Gospodi, Iyudi Tvoya).
Napoleón de un lado, del otro bando el temible y odinesco general Kutuzov.

Escuchémosla:




Señor, salva a tu pueblo,
y bendice tu legado.
Otorga la victoria al justo y creyente emperador

sobre los adversarios,
y por virtud de tu cruz
protege a tu comunidad.


Ahora que te has familiarizado con la melodía, escúchala al comienzo de la obertura. Luego volverá a escuchársela, entre los estruendos finales, con repiques de campanas, aproximadamente en el minuto 13.





Aparecerá luego una canción popular rusa, A la puerta, a mi puerta. Intenta encontrarla en la obertura. Va acompañada de sonajas y del mismo carácter danzable,  8' 10".



Y en el final se arrebata con una versión de Боже , Царя храни, Dios salve al zar. 
Escucha la versión primigenia y luego ve a la obertura, 14' 09".




Боже, Царя храни! Сильный, державный, Царствуй на славу, на славу намъ! Царствуй на страхъ врагамъ, Царь православный! Боже, Царя храни!

¡Dios protege al zar!
¡Fuerte, reinante,
Reine por la gloria, por la gloria de todos nosotros!
Reine para el miedo de los enemigos,
el zar ortodoxo.
¡Dios salve al zar, al zar!

Transliteración:

Bozhe, Tsarya khrani!
Sil'nyy, derzhavnyy,
Tsarstvuy na slavu, na slavu nam!
Tsarstvuy na strakh vragam,
Tsar' pravoslavnyy!
Bozhe, Tsarya khrani!


Por supuesto el bando francés estará representado por los sones de su himno nacional, La Marseillaise, aunque Napoleón la había reemplazado como canción patria por "Veillons au salut de l'Empire".